Al leer el artículo que publicamos a continuación, vino a mi mente la ocasión cuando confundí la intención de las groserías que se decían mis compañerps -que, dicho sea de paso, no son cristianos-, cuando utilizaban palabras que yo interpretaba como fuertes ofensas. Pero, al poner más atención, no era ése el mensaje que se transmitían, sino todo lo contrario: se decían 'alabanzas' de felicitaciones. Durante esa situación sentí cuestionados mis religiosos moldes y juicios o pre-juicios respecto del uso del lenguaje. Me di cuenta de que las groserías maledicentes también se utilizaban para bendecir o alabar. Sí, como lo leen: ALABAR. Al respecto podemos decir, por ejemplo, que nadie interpretaría como una ofensa la exclamación que haría un chileno amante del fútbol al celebrar alguno de los escasos goles de nuestra fatídica selección con un gozoso chilenismo o la coloquial expresión de felicitaciones que daría cualquier persona a su amigo agregando algún no muy decente adjetivo o verbo a sus felicitaciones.
Es imprescindible destacar, además, que el origen de este artículo se localiza en una polémica que se suscitó en un toke en el cual una de las bandas cristianas interpretaba un tema cuya lírica incluía una palabra considerada grosera. Específicamente hacía un llamado a no consumir drogas, denominando a éstas con la palabra 'MIERDA'. Posteriormente llevamos esta discusión al foro de Pateando Gusanos, donde la denominamos como la 'Polémica de Mierda'.
Por otra parte, también debemos resaltar que tradicionalmente una de las características de las producciones de las bandas cuyos integrantes profesan la fe cristiana, es que en sus portadas no figura el logo [Parental - Advisory - Explicit Lyrics] que advierte del contenido grosero en las letras. Sin embargo, como un aporte a la discusión, hemos decidido publicar este artículo cuya autoría pertenece a un amigo de Pateando Gusanos auto-definido como un cristiano sin cultura evangélica.
De ninguna manera el propósito de esta publicación es promover el uso del lenguaje soez entre la juventud o entre los cristianos, sino que la intención es combatir la mentira y los prejuicios religiosos mediante la verdad que nos hace libres y dando a conocer la naturaleza de los verdaderos valores cristianos.
Groserías y lenguaje bíblico
por Felipe Elgueta Frontier
por Felipe Elgueta Frontier
Preámbulo: La palabra corrompida
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.
Efesios 4:29 [1]
De vez en cuando surgen discusiones al interior de las iglesias evangélicas acerca de la legitimidad del uso de lenguaje obsceno o soez (palabrotas, groserías). Ante esto, hay quienes sacan a relucir este pasaje que exhorta a no usar “palabras corrompidas”, dando por sentado que tales palabras son precisamente groserías, como lo hacen los traductores de la Nueva Versión Internacional:
Eviten toda conversación obscena.
Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación
y sean de bendición para quienes escuchan.
Efesios 4:29 (NVI)
La expresión griega usada por Pablo es “logos sapros”, literalmente “palabra mala”. El vocablo “sapros” es usado varias veces en los evangelios cuando Jesús habla del “árbol malo” que da “frutos malos”[2]. En ninguno de estos pasajes hay indicios que sugieran la traducción de “sapros” como “obsceno” o “grosero”.
Más útil para esclarecer el sentido que tiene la expresión de Pablo, es examinar la segunda parte del mismo versículo de Efesios, que nos describe la antítesis de una “palabra mala”: “la [palabra] que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. Lo que se está edificando es el cuerpo de Cristo, motivo recurrente en las cartas paulinas[3].
El fragmento “para la necesaria edificación” también puede traducirse como “para edificar según la necesidad” o “según lo requiera la ocasión”. Esta “palabra buena” es oportuna y responde a las necesidades de los oyentes (la Biblia Latinoamericana traduce “la palabra que hacía falta”). Esta palabra no surge tanto del hablar, sino del escuchar al otro y la otra. Por eso, ellos la reciben como “gracia”, esto es, como un obsequio que da bendición y refleja la presencia de Dios. Es una manifestación del amor que edifica el Cuerpo de Cristo[4].
La “palabra mala” es lo contrario. No toma en cuenta la necesidad de quien la escucha, no da gracia, sino “des-gracia” al oyente y, por ello, daña los lazos de amor que mantienen unido el edificio del Cuerpo de Cristo. La Biblia de Jerusalén lo expresa con claridad:
No salga de vuestra boca palabra dañosa,
sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad
y hacer el bien a los que os escuchen.
Efesios 4:29 (BJ)
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.
Efesios 4:29 [1]
De vez en cuando surgen discusiones al interior de las iglesias evangélicas acerca de la legitimidad del uso de lenguaje obsceno o soez (palabrotas, groserías). Ante esto, hay quienes sacan a relucir este pasaje que exhorta a no usar “palabras corrompidas”, dando por sentado que tales palabras son precisamente groserías, como lo hacen los traductores de la Nueva Versión Internacional:
Eviten toda conversación obscena.
Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación
y sean de bendición para quienes escuchan.
Efesios 4:29 (NVI)
La expresión griega usada por Pablo es “logos sapros”, literalmente “palabra mala”. El vocablo “sapros” es usado varias veces en los evangelios cuando Jesús habla del “árbol malo” que da “frutos malos”[2]. En ninguno de estos pasajes hay indicios que sugieran la traducción de “sapros” como “obsceno” o “grosero”.
Más útil para esclarecer el sentido que tiene la expresión de Pablo, es examinar la segunda parte del mismo versículo de Efesios, que nos describe la antítesis de una “palabra mala”: “la [palabra] que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. Lo que se está edificando es el cuerpo de Cristo, motivo recurrente en las cartas paulinas[3].
El fragmento “para la necesaria edificación” también puede traducirse como “para edificar según la necesidad” o “según lo requiera la ocasión”. Esta “palabra buena” es oportuna y responde a las necesidades de los oyentes (la Biblia Latinoamericana traduce “la palabra que hacía falta”). Esta palabra no surge tanto del hablar, sino del escuchar al otro y la otra. Por eso, ellos la reciben como “gracia”, esto es, como un obsequio que da bendición y refleja la presencia de Dios. Es una manifestación del amor que edifica el Cuerpo de Cristo[4].
La “palabra mala” es lo contrario. No toma en cuenta la necesidad de quien la escucha, no da gracia, sino “des-gracia” al oyente y, por ello, daña los lazos de amor que mantienen unido el edificio del Cuerpo de Cristo. La Biblia de Jerusalén lo expresa con claridad:
No salga de vuestra boca palabra dañosa,
sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad
y hacer el bien a los que os escuchen.
Efesios 4:29 (BJ)
Por eso, la “palabra corrompida” de la traducción Reina-Valera no es una grosería. Es algo muchísimo más peligroso... y bastante más frecuente en nuestras iglesias, así como estaba presente también en la iglesia de Éfeso. Por eso la advertencia de Pablo.
Son corrompidas aquellas palabras que destruyen el amor y la misericordia entre los hermanos y hermanas. Son las palabras que desunen. Son las que siembran amargura y enojo, y pueden terminar en discusiones iracundas (la "gritería y maledicencia” de Efesios 4:31). Frente a esto, Pablo nos invita a tomar un camino distinto:
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Efesios 4:32
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